Transferencia de competencias en extranjería a Cataluña: ¿obstáculo o integración?

La transferencia de competencias en extranjería a Cataluña: un análisis

En los últimos tiempos, ha surgido un debate sobre la transferencia de competencias a Cataluña en materia de extranjería, así como el uso del catalán en el territorio. Existe cierta preocupación entre quienes deben realizar trámites en Cataluña, especialmente tras comentarios de clientes que llegan al despacho preguntando si «hay que hablar catalán» o si se lo exigirán en sus gestiones.

El catalán en los trámites de extranjería

Lo primero que debemos aclarar es que el catalán no es un idioma especialmente complicado, ni supone un obstáculo insalvable para quienes residen en Cataluña. Aprender una lengua nueva nunca es negativo; al contrario, añade valor personal y cultural. Además, no se exige el uso del catalán para todos los trámites. Por ejemplo:

  • Para las estancias por estudios, no se requiere ningún nivel de catalán.
  • En el caso del informe de arraigo social, sí se exige un nivel básico, destinado a personas que ya llevan tiempo en el territorio (tres años normalmente, aunque la normativa ha reducido este periodo a dos).

El conocimiento requerido suele limitarse a términos sencillos, como calle o carrer, por lo que no representa una barrera importante.

Ventajas de las competencias delegadas en extranjería

Respecto a la transferencia de competencias en extranjería a la Generalitat, esta medida presenta aspectos positivos notables. Los funcionarios de la Generalitat, en aquellas materias donde ya ostentan competencias delegadas, tienen la tendencia a respetar los derechos de los ciudadanos y los procedimientos legales. Esto contrasta con las experiencias en algunas oficinas estatales de extranjería, donde a veces el cumplimiento de los procedimientos es más laxo.

Aunque pueda parecer que la administración autonómica es más lenta, lo cierto es que en muchas ocasiones resulta más garantista y respetuosa, y dispone de recursos suficientes para dotar sus oficinas con personal especializado. Además:

  • La Generalitat suele convocar plazas de funcionarios según las necesidades.
  • La reducción de plazos en trámites tan relevantes como el arraigo social es ya una realidad: de nueve meses podrían bajar a cinco o seis meses, lo cual es una mejora para todos.

La cuestión de la lengua y la cultura

El debate sobre el uso del catalán en Cataluña suele estar cargado de prejuicios. Sin embargo, aprender la lengua de la comunidad donde uno reside debería verse como una oportunidad de integrarse y enriquecerse culturalmente. Poner el foco en el idioma local es algo habitual: lo mismo sucede en Galicia con el gallego o en el País Vasco con el euskera.

El multilingüismo como valor

Sorprende encontrar personas que, siendo monolingües, se oponen a la educación bilingüe de sus hijos, argumentando que debería priorizarse el inglés. La realidad demuestra que aprender más lenguas nunca resta, sino que añade. El dominio de varios idiomas no quita espacio en el «cerebro», ni supone un esfuerzo imposible; es, al contrario, un activo cultural y profesional.

«Creo que es un punto de cultura importante. En mi entorno familiar he vivido el catalán, el castellano, y he adquirido el inglés y el francés por mi cuenta, sin que ninguna lengua interfiera en la otra.»

La definición de «nación» según Naciones Unidas incluye la existencia de un idioma y cultura propios, más allá de los debates políticos sobre nacionalismo. Que las calles lleven nombres en catalán no debería resultar preocupante; es simplemente una expresión de la diversidad cultural.

Una experiencia personal de aprendizaje lingüístico

La experiencia vital demuestra que la convivencia con varias lenguas no genera conflictos. Se puede crecer hablando catalán con un progenitor y castellano con otro, y después sumar nuevas lenguas como el inglés o el francés, obteniendo un mayor enriquecimiento sin que sea necesario acudir a academias o exposiciones formales.

Conclusión: una mirada positiva hacia la diversidad

No hay motivo para temer al catalán o a cualquier otra lengua cooficial. Cuantas más lenguas se hablen y más cultura se adquiera, más enriquecedora será la experiencia individual y colectiva. La integración implica comprender la cultura local: si en Madrid se pide un curso de integración social, en Cataluña basta con demostrar unas nociones básicas de catalán.

Tal vez es tiempo de replantear los prejuicios y valorar la integración cultural y lingüística como una oportunidad, no como una barrera.


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