La responsabilidad de la confidencialidad en la profesión legal
Hoy quiero abordar un tema que me preocupa profundamente: la importancia de manejar con rigor la información que se comparte y a quién se le comparte, especialmente en el ámbito legal.
El compromiso del abogado con la confidencialidad
Como abogados, estamos obligados a mantener la confidencialidad absoluta sobre todo aquello que se nos comunica. Este deber incluye incluso la protección de la identidad de nuestros propios clientes. Cuando recibo un mensaje diciendo «soy el marido de Pepita» o «soy la hermana de Fulanito», lo cierto es que desconozco la relación real que mantienen. No me corresponde a mí discernir la veracidad de ese vínculo ni indagar en qué tipo de comunicación existe entre estas personas. Ese no es mi trabajo ni mi prioridad.
Respuesta profesional ante solicitudes externas
No voy a divulgar información sensible sobre ningún caso, ni tampoco asumir lo que pueda haber pasado con una contratación. En la práctica, muchas veces ni contesto estos correos. Mi respuesta habitual es clara y segura:
- Si tú dices que esta persona es nuestro cliente, esa persona debe acceder a la aplicación destinada a clientes y realizar allí las preguntas pertinentes.
- De ninguna manera proporcionaré datos a terceros sin autorización expresa y documentada.
Ser flexible o actuar de otra manera me llevaría a poner en riesgo mi licencia profesional. Por eso, si alguien externo solicita información, simplemente no obtendrá respuesta. Y si el propio cliente me alerta sobre una solicitud externa, mi postura no cambia: no voy a contestar ni entregar detalles bajo ninguna circunstancia, a menos que exista autorización por escrito. Esta debe indicar quién está autorizado, en qué condiciones y hasta dónde puede llegar la información compartida. Ni más ni menos.
El sentido último de la confidencialidad
No basta con decir «soy el marido de Pepita, quiero saber si…». La realidad es muy sencilla: no conozco a esa persona, nunca he hablado con ella, y por tanto, no le voy a entregar ningún tipo de información.
Esto no es solo un asunto de protección de datos, aunque por supuesto también lo es. Se trata, sobre todo, del deber profesional que tengo de resguardar la confidencialidad. Toda información recibida es confidencial, sin excepción.
Dar detalles del caso de un cliente a un tercero sería tan grave como decirle el saldo de tu cuenta bancaria a tu vecino sin ningún tipo de autorización. En el banco, para que alguien ajeno acceda a tus datos, debes autorizarlo formalmente. Aquí ocurre lo mismo.
Seguridad y profesionalismo: los canales adecuados
No proporcionaré información sobre un proceso a nadie que no sea el propio cliente. Para eso existe una plataforma segura de comunicación. Es fundamental utilizar los canales apropiados para mantener la integridad, la confianza y el ejercicio profesional de Lexborders Abogados.
En definitiva, el compromiso con la confidencialidad no es negociable. No podemos bajar la guardia ni caer en la informalidad. La protección de la información de los clientes es y será siempre nuestra máxima prioridad.
👉 Tip de experto: No hagas trámites legales por tu cuenta. ¡Busca asesoramiento profesional!
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