Hablar de la experiencia migratoria es adentrarse en un terreno profundamente emocional y, muchas veces, doloroso. Es común que las personas que migran enfrenten situaciones de discriminación y desvalorización desde el primer momento. Hay quienes, al llegar a una oficina, se enfrentan a comentarios como “vuélvete a tu país” o “¿para qué has venido aquí?”. A esto se suma la explotación laboral: trabajar por apenas 3 euros la hora simplemente porque todavía no tienes los papeles en regla es, lamentablemente, una realidad cotidiana para muchos.
Estos temas, sin duda, remueven emociones profundas. Hablar de ellos puede quebrar la voz, porque la migración, especialmente sin papeles, viene acompañada de situaciones extremadamente injustas. No solo se trata de la dificultad para encontrar trabajo digno, sino también del peso emocional de enfrentar todo en soledad y en silencio.
La soledad y el silencio del migrante
Uno de los grandes desafíos que enfrentan las personas migrantes es esta doble carga: la soledad de estar físicamente lejos de su país y seres queridos, y el silencio autoimpuesto por no querer preocuparlos. ¿Qué le puedes contar a tu familia? ¿Cómo explicarles las dificultades cuando sabes que poco pueden hacer para ayudarte desde la distancia?
El entorno cercano desea lo mejor para uno; sin embargo, compartir tus problemas muchas veces solo incrementa la preocupación de tus seres queridos. Si una madre se entera de que su hijo la está pasando mal, lo único que le recomendará es que vuelva. Un hermano, quizá, le reprochará la decisión o le pedirá que “se busque la vida”. Y a veces, incluso peor, surge la típica frase: “Tú lo decidiste”.
La carga de la culpa y las dificultades económicas
Migrar siendo padre o madre añade una dosis más de culpa. Imagínate la impotencia al saber que tu hijo necesita unas zapatillas nuevas que cuestan 50 euros, teniendo en cuenta lo difícil que es ganar ese dinero cuando apenas pagan 3 euros la hora. Este tipo de situaciones se agrava aún más por el aumento del precio de los alquileres, las trabas para empadronarse y la inestabilidad total que define la vida del migrante.
- Bajos salarios y explotación laboral
- Dificultades para regularizar la situación administrativa
- Falta de acceso a un alojamiento digno
- Culpabilidad por no poder ofrecer más a la familia
Un sistema diseñado para agotar
La realidad es que el sistema parece estar diseñado para agotar a quienes migran. La complejidad de los trámites y la burocracia, sumada al trato deshumanizador, parecen tener el único objetivo de desalentar y cansar a las personas migrantes, poniéndoles obstáculos en cada etapa del camino. Es fundamental reconocer lo perverso que puede ser el sistema y decirlo claramente: el objetivo parece ser dificultar tanto el proceso, que a muchos simplemente se les quite la voluntad de seguir intentándolo.
El sistema está diseñado para que te canses, para que no les des por saco. Lo hacen extremadamente difícil y complejo de entender.
Migrar bien y migrar informado
Por todo esto, el primer consejo es claro: migrar bien y migrar informado. Conocer tus derechos y prepararte para los desafíos puede ayudarte a sobrellevar mejor el camino, aunque el sistema esté lejos de ser justo.
👉 Tip de experto: No hagas trámites legales por tu cuenta. ¡Busca asesoramiento profesional!
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